Por Begoña Giner Inchausti. Vocal de la Junta Directiva de la Asociación Española de Contabilidad y Administración de Empresas (AECA).

El tratamiento contable de las diferencias de cambio ha sido objeto de simplificaciones, favorecido por la adopción del euro en 2002. De ahí que el problema contable para algunas empresas llegó a desaparecer.

La adopción de las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF, en inglés IFRS) y la consiguiente reforma de la normativa contable Española suponen un nuevo paso en la simplificación del tratamiento de las diferencias de tipo de cambio de las monedas.

En efecto, la NIC 21, que regula este asunto, y el borrador del Nuevo Plan General de Contabilidad (NPGC), publicado el pasado mes de febrero, han llegado a una solución contable ms sencilla que la anterior, sobre todo debido a la eliminación de alternativas.   A continuación se destacan las principales novedades del borrador del NPGC respecto del actual PGC de 1990.

Para hablar de moneda extranjera resulta necesario identificar otra como referencia (una no extranjera). Dicha moneda se denomina en el borrador del NPGC (así como en la NIC 21) moneda funcional, entendiendo como tal la del entorno económico principal en el que opera la empresa. De ahí que aquellas transacciones que se fijan en otra moneda se consideran en moneda extranjera.

En el borrador se presume que para las empresas domiciliadas en España esta moneda es el euro, por lo que generalmente coincide con la moneda de presentación, que sí debe ser el euro, aunque nada impide que la funcional sea otra.
Hechas estas consideraciones cabe diferenciar, y así lo hace el borrador del NPGC, dos vertientes en la problemtica de la moneda extranjera: las transacciones en moneda extranjera y la conversión de cuentas anuales a la moneda de presentación.
En cuanto a las transacciones en moneda extranjera, se establece como criterio de valoración inicial el que resulte de aplicar el tipo de cambio de contado. Sin embargo, en aras de simplificar el registro contable, se contempla el uso de un tipo promedio del período (como mximo mensual) para las transacciones que se produzcan en ese intervalo.

Este criterio es común para todos los elementos patrimoniales, pero para la valoración posterior, esto es, al cierre del ejercicio contable, se diferencia entre elementos monetarios (efectivo, créditos y deudas, entre otros) y no monetarios (inmovilizado material, inversiones inmobiliarias, activos intangibles, existencias, inversiones en el patrimonio de otras empresas, entre otros).

Elementos monetarios
A los monetarios se les debe aplicar el tipo de cambio al cierre, mientras que para los no monetarios se plantean dos soluciones, cuya aplicación depende de cómo se hayan valorado las partidas. Así, para aquéllas valoradas al coste, se debe utilizar el tipo de cambio de la fecha en que se registraron, y para las que se miden a valor razonable, se debe utilizar el tipo de cambio de la fecha en que se determinó ese valor. Esta manera de establecer las reglas de valoración es ms sistemtica que la que hay en el vigente PGC, en donde se identifican reglas individuales para distintos elementos, pero no hay diferencias de orden prctico.

Así, actualmente a la tesorería, valores de renta fija, créditos y débitos se aplica el tipo de cambio de cierre, mientras que al inmovilizado material e inmaterial, así como a las existencias y a los valores de renta variable se les debe aplicar el tipo de cambio de la fecha en la que se incorporaron al patrimonio. Esto último coincide con el criterio que el borrador del NPGC establece para los activos no monetarios valorados al coste, que es el único criterio que se admite en el actual PGC.

Una vez establecido un criterio de valoración posterior diferente al inicial es necesario determinar cómo se va a registrar el cambio de valor. ¿Se debe considerar resultado del período? En este sentido, el cambio que introduce el borrador es importante, ya que, si se trata de elementos monetarios, todos los cambios de valor deben llevarse a resultados, mientras que en el PGC vigente, salvo excepciones, las diferencias positivas no pueden imputarse a resultados.

Se trata, pues, de un criterio simétrico ya que impone el mismo tratamiento a las pérdidas que a las ganancias, y que rompe con el planteamiento conservador que impedía considerar las ganancias no realizadas como beneficios. Obviamente, al igual que en el actual PGC las diferencias que surgen al cancelar estos elementos monetarios se incorporan en el resultado.

En cuanto a los elementos no monetarios que se valoran a valor razonable, es decir, los títulos de renta variable, se da igual tratamiento a los cambios de valor derivados de modificaciones en el tipo de cambio que a los que se producen como consecuencia de los cambios en este valor. Así, van a resultados los derivados de la cartera de activos mantenidos para negociar, y al neto, los derivados de la cartera disponible para la venta.

Es una terminología idéntica a la de la NIC 39, aunque curiosamente estos activos no son los que se van a vender, aunque "se podrían vender". Por otra parte, y a diferencia de lo dispuesto en el actual PGC, no se contempla la inclusión en el precio de adquisición de pérdidas o ganancias producidas como consecuencia de modificaciones en el tipo de cambio durante el tiempo de fabricación o instalación de los activos.

Cuentas anuales

Como se ha indicado antes, la otra vertiente de esta norma de valoración se refiere a la conversión de las cuentas anuales a la moneda de presentación, esto es, al euro. Aunque es en la formulación de las cuentas consolidadas en donde se suele plantear este tema de forma natural (ya que no es extraño que la sociedad participada tenga una moneda funcional distinta al euro), también podría ocurrir que la moneda funcional de una empresa española no fuera el euro, por lo que se deberían convertirse los estados financieros a la moneda de presentación. Para ello se dice en el borrador del NPGC que deber seguirse lo establecido en las Normas para la Formulación de las Cuentas Anuales Consolidadas.

Según las actuales Normas, esto supone emplear el método del tipo de cambio de cierre, de forma que los elementos del Balance; es decir, los bienes, derechos y obligaciones, se convierten aplicando el tipo de cambio de la fecha de cierre, y las partidas de la Cuenta de Pérdidas y Ganancias utilizando los tipos existentes en la fecha en que se realizó la transacción. La diferencia que surja en los fondos propios de la participada a raíz de esta nueva valoración se mantiene en el Balance Consolidado como diferencias de conversión dentro del patrimonio neto.

En definitiva, las nuevas normas sobre moneda extranjera contenidas en el borrador siguen, afortunadamente, la línea de la NIC 21, y plantean de forma sistemtica una solución consistente a esta problemtica contable.