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Colegiaturas profesionales: ¿soluciones o burocracia escondida en buenas intenciones?

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Por: Juan Fernando Mejia. Asesor Contable y Tributario Home Center y Seguros del Estado. Revisor Fiscal Brigard Urrutia. Asesor empresarial. (Web: www.globalcontable.com/perfil)

Los contadores no debemos ser indiferentes a los problemas de la profesión como el exceso de facultades de contaduría que genera sobre oferta y, por ende, reducción de los honorarios, además de grandes deficiencias en la educación en temáticas como finanzas, inglés y sistemas de información.

Pero debemos preguntarnos si en realidad estos problemas se solucionan con las colegiaturas profesionales que dicen representar «a toda la profesión». O si en realidad las colegiaturas son estructuras burocráticas que terminan beneficiando intereses particulares.

El fallecido Tito Livio Caldas dijo que las colegiaturas profesionales son regresivas, pues “evocan prácticas medievales que limitan la competencia y se convierten en entes paquidérmicos y burocráticos (…) acaban con la libertad de trabajo de los profesionales no afiliados de una parte y, de la otra, impiden la libre competencia” (Caldas. Tito Livio. En: Colegiaturas profesionales obligatorias son regresivas. Editorial Legis 2009. Disponible en http://bit.ly/2tFX0OZ).

Colegas de Bolivia y Perú reafirman lo dicho por el connotado Doctor Caldas: que las colegiaturas son organismos con funciones públicas, pero de iniciativa privada, lo que les da un «biformismo que les permite un cómodo y descarado volte-face que induce a estos gremios de creación legal, con poder público, a caer en incalificables desviaciones y abusos, en formación de roscas inamovibles y corruptas y, finalmente, en conductas mafiosas, como históricamente se ha comprobado” (Ibídem).

Ni los médicos, ni los abogados, ni los veterinarios tienen colegiaturas obligatorias como lo pretenden algunos contadores y existen dudas respecto a la real democracia en la elección de sus dignatarios y respecto a quién controlaría sus decisiones.

Y si se trata de crear colegiaturas de afiliación voluntaria, éstas ya existen desde hace varios años. Pero si a las existentes se les entregan funciones públicas, se corren riesgos como la burocracia, la corrupción y la exclusión de quienes no estén de acuerdo con algunas de sus decisiones.

En Colombia, algunos colegios voluntarios parecen fortines donde los administradores son los mismos de siempre, por ejemplo uno controlado por una familia, sin que nadie más pueda participar en su elección y sin que estos puedan ser reemplazados. Entonces, ¿qué tal serían estos colegios con funciones públicas?.

Ventajas de un Colegio Profesional. ¿Las hay?

Dentro de las potenciales ventajas de tener una colegiatura profesional única, estarían las siguientes:

  1. Se tendría una tabla de honorarios, lo que ya publicó el Consejo Técnico de la Contaduría Pública, pero que nadie la aplica porque esto depende realmente de la oferta y demanda en el mercado, asunto que está lejos de ser «solucionado» por una estructura colegiada.

2. Tendría una función similar a un sindicato para reclamar al Estado los derechos de los contadores, tales como la eficiencia en el funcionamiento de las plataformas informáticas de la Administración de Impuestos o la simplificación de las normas tributarias. Sin embargo, algunos piensan que estos problemas no son en realidad de los contadores sino de los empresarios que constantemente pueden influir en la política, con su cabildeo en el Congreso y con sus afiliaciones voluntarias (como la ANDI, ACOPI), y que más bien son los empresarios quienes complican las normas por las excepciones fiscales que reclaman.

¿Podría entonces arreglarse un problema coyuntural como este con las colegiaturas contables?.

Mientras no exista una apropiación institucional de la necesidad de simplificar las normas tributarias, impulsada desde la economía, poco puede hacer una función sindical, y mucho pueden hacer los contadores con mecanismos ya existentes como su participación por otras vías y mediante los derechos de petición ante las autoridades cuando se vean perjudicados por la ineficiencia operativa del Estado. Es cierto que los sindicatos laborales algo logran, pero esta función no parece ser válida tratándose de gremios profesionales.

3. Ejecutaría algunas funciones educativas, lo que entraría en conflicto de interés con universidades y entidades que organizan eventos de capacitación en uso de la libertad de empresa que la democracia liberal ha consagrado.

4. Sería fuente de actualización permanente, como muchos predican respecto a la intención del artículo 26 de nuestra Constitución Política, cuando se refirió a las colegiaturas. Pero la Constitución data de 1991, cuando no existían grandes sistemas de información. Hoy esto no representa beneficios reales, pues abundan las actualizaciones informativas en internet.

5. Daría la sensación de estar unidos. Esta parece ser la más importante ventaja.

Una necesidad del hombre es la de pertenecer a un grupo y ser aceptado, según Abraham Maslow, pero en el caso de los contadores puede ser preferible el esquema actual: agremiaciones voluntarias como el Instituto Nacional de Contadores Públicos, los ya existentes «colegios» o las asociaciones de contadores de las universidades y hasta las páginas y grupos de facebook que parecen generar mayor movilidad social.

El contador puede escoger entre estas opciones o no pertenecer a ninguna. Eso es libertad de asociación, que es a lo que se refiere el artículo 26 de la Constitución Política, el mismo que algunos colegas quieren interpretar como obligación de asociación.

Otros buscan un colegio único de de «asociación voluntaria» que dice representar «a todos los contadores» y que luego se convierte en obligatorio por el alto poder que adquieren, insistía Tito Livio Caldas, y una vez que obtengan funciones públicas, quienes no pertenezcan tendrían serias desventajas.

No existen soluciones mágicas a los problemas de la profesión, pero formar colegiaturas no parece ser una de ellas.

Debemos preguntarnos por las ventajas y también por el riesgo de formar un gremio que realmente defienda intereses de algún pequeño sector de la profesión y para mantener burocracias ineficientes e innecesarias.

Más bien, lo que muchos contadores buscamos es mayor análisis, menos terrorismo contable (por ejemplo con algunos mitos NIIF como la supuesta obligación de valorar mesas, sillas y otros muebles totalmente depreciados y las valoraciones hasta en copropiedades).

Las soluciones a los problemas profesionales pasan por mayor participación de los contadores en la política y en no ser indiferentes, participando masivamente, por ejemplo por los fallos en los sistemas de información de la DIAN.

Pero lo que en verdad nos hace fuertes es la superación individual como el aprendizaje de idiomas, las fortalezas en habilidades fuertes y blandas, las especializaciones, maestrías y doctorados, así como la mayor participación política con los mecanismos existentes.

El ejemplo de países más desarrollados

En países que están por encima de Colombia en los índices de desarrollo económico no existen colegios profesionales obligatorios.

Por ejemplo en Chile, el numeral 15° del artículo 19 de la Constitución (también de 1991) explica que “Nadie puede ser obligado a pertenecer a una asociación” y en la nota editorial “Gremialismo obligatorio es antidemocrático” se recomienda no formar colegiaturas que minan la libertad en el mercado, que terminan siendo coaptadas por intereses de un pequeño grupo burocráctico y que generan exclusiones a otros sectores profesionales, minando la libertad. Por esto hace llama a “Que no se olvide este principio conquistado en la Revolución Francesa, parte esencial del pensamiento liberal y la democracia de occidente” (Disponible en http://bit.ly/2QK5JtN)

En otros países, muchos de los actuales colegios voluntarios señalan que pertenecer a ellos es una ventaja porque sus capacitaciones se hacen con los mejores y más reconocidos conferencistas a un precio muy competitivo, pero es obligación de todo el que organiza eventos ofrecer la mayor calidad al mejor precio, sin que para ello sea requisito «afiliarse» previamente, pagando una mensualidad o sin ella.

Al parecer, las potenciales ventajas de un colegio profesional obligatorio superan los riesgos y desventajas, a juzgar por la experiencia de de oros países.

Y, como se dijo, si se trata de colegiaturas voluntarias, ya existen y no deberían tener funciones públicas que generen riesgos como los relacionados con la burocracia y con las asimetrías entre quienes pertenecen y quienes no.

Quienes creen que no aportan soluciones reales, sino nuevas burocracias, no están de acuerdo con colectividades que se abrogan la representación de «todos los contadores».

Opinión personal

Aunque personalmente creo que el tema es complejo y que no puede tomarse la posición «fácil» de las colegiaturas como solución a las problemáticas de los contadores que parecen ser de más fondo, también creo que debemos actuar más unidos mediante otras formas como la agremiación voluntaria, la participación política de los contadores públicos, el uso de figuras como el defensor del contribuyente y  de otros mecanismos jurídicos para la defensa profesional.

Ante todo, se requiere que los contadores lean sobre las ventajas y desventajas de una estructura de colegiatura profesional y de las promesas políticas que conllevan: quizás sean tan buenas como se plantean (o quizás no lo sean).

Saludos cordiales,

Juan Fernando Mejía
Contador Público Universidad de Antioquia
Especialista en Impuestos Universidad Externado de Colombia
Certificado IFRS Banco Mundial y ACCA

Página Web: https://www.globalcontable.com/perfil

 


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